Cuenta-gente-que-se-pasa-por-aquí (asi os tengo controlados :D)

jueves, 27 de enero de 2011

Let the Music Begin Capítulo 4.

-Violeta, explícame esto ahora mismo.
Musa se había ido por unos "asuntos personales" (aunque realmente Musa solo era una presencia, así que "ido" no es exactamente un verbo que pueda aplicársele) dejando a Violeta en una situación comprometida y a Marcos con muchísimas dudas difícilmente resolvibles.
-Marcos, esto no es...
-No me digas que no es nada. ¡Ha dicho suicida! ¡Bien clarito lo he oído! Además, ¿y tus padres? ¿Y tu hermano?
-Ellos... Son peuqeñas piezas de un gran puzzle. ¡No lo entiendes! ¡Solo....!
-¡Si, tienes razón, no lo entiendo! ¡Ilumíname con tu sabiduría, Violeta! - Marcos estaba asustado, y como todos los seres humanos, cuando Marcos se asustaba tenía ganas de destruir la fuente de su miedo. En este caso habría sido difícil, ya que ni él mismo habría sabido exponer una razón para su temor.
-Yo... Yo solo quiero ayudarles... Quiero hacer un mundo mejor para todos, aunque tenga que sacrificar alguna vida...
-¿La vida de quién? Violeta, ¿Y si esa persona no quiere hacerlo? ¿Y si ESAS personas no quieren hacerlo?
-Solo una persona morirá en esto.
-...
-Y tú ya lo sabes.
-¿Donde estan todos? ¿Tus padres, tu hermano? ¿Porqué la gente de clase está tan rara?
-Ahora... No puedo decirtelo... - ella bajó la vista.
-No me digas. ¿Y mañana? ¿Mañana si podrás?
-Marcos, ya va...
-No, no vale. No vale que estés en esto, "haciendo un mundo mejor" a costa de TU vida, de la vida de mi mejor amiga, sin decírme que es lo que pasa.
-¡¡NO PUEDO!!
-... - Marcos se giró bruscamente y se fue escaleras abajo.
"Voy a explicárselo todo" pensó Violeta.
"Voy a volver a pedirle perdón" pensó Marcos.
Y sin embargo, ninguno de los dos hizo nada.

Al día siguiente, Marcos fue al instituto. Todo parecía normal, hasta que entró en su clase. Todos estaban allí, menos Violeta. Sentados en sus asientos, sin moverse y sin decir nada. Una sensación fría recorrió la espalda de Marcos, provocándole un desagradable escalofrío. Y de repente, una melodía comenzó a sonar. Al principio, Marcos no lo notó, estaba en unos tonos muy agudos.
-Eso es... ¡¿un piano?! No, está muy agudo... Pero suena como un piano...
Efectivamente, era el piano de madera del Yggdrasil que Musa había dado a Violeta. Servía para controlar a los gólems de ceniza. Inmediatamente, la clase retomó su aspecto habitual: juerga por aquí, juerga por allá, sin profesores a la vista, hasta que el timbre sonó. Marcos no daba crédito. Sus compañeros, movimientos rígidos y expresión vacía aparte, eran como siempre, cuando unos minutos atrás, ni siquiera pestañeaban.
-¿A-Ana?
Esta se giró hacia él. Pero lo hizo de una forma peculiar. Solo giró la cabeza. Ni un ápice de su cuerpo por encima del cuello se movió.
-¿Qué-quieres?
-N-nada...
-Vale-no-me-llames-para-nada.
"Y aunque sea la niña del exorcista, la mala leche no se la quita nadie" pensó Marcos.
Un piso más arriba, el piano de una madera exuberante y rojiza, era tocado y alimentado por Violeta. Era madera pura del árbol de la vida, el Yggdrasil, sus raíces sujetan los mundos, pero el inusual uso de su madera para hacer este excepcional linstrumento había cambiado la naturaleza, pero no las propiedades, de la misma. Seguía otrogando vida, si, pero no en vano. La sangre que brotaba incansablemente de los dedos de la muchacha, que tocaba las teclas con una expresión de dolor, era su sustento, lo necesario. El intercambio equivalente. Vida por vida. La sangre, portadora de oxígeno y absolutamente necesaria para vivir, a cambio de una conciencia y sentimientos para un puñado de gólems de ceniza. Violeta estaba sentada en una banqueta sencilla, de terciopelo verde, y madera del mismo árbol que el piano, llevaba un vestido blanco, manchado en el regazo por la escasa sangre que escapaba del hambriento instrumento. De la tapa del piano, había brotado un pequeño arbolito, cuyas ramas cubrían el techo, y cuyas raíces cubrían el suelo. Y en medio de todo eso, de esa exuberante representación de la vida y la muerte, de los sueños y la desesperanza, siendo la línea divisoria, soportando el peso de miles de vidas y sueños a su cargo, estaba Violeta. Una joven estudiante de secundaria que había decidido aceptar ese peso en su espalda, a falta de alguien mejor para portarlo. Con la tarea de un mundo perfecto, de un mundo armónico para todos, donde no exista la injusticia ni la rebelión, donde todo el mundo pudiera ser tal y como quisiera ser.
Un mundo perfecto, y Musa, liderándolo desde las sombras.

"SIGUES PENSANDO EN ESE CHICO, ¿VERDAD?"

-Es mi mejor amigo... O al menos lo era - seguía tocando, a pesar de todo, la melodía armónica de la vida.

"BUENO, SI NO TE COMPRENDE, SIEMPRE PUEDES MATARLO"

-¡No hables así de él!

"LO QUE TÚ DIGAS. QUIERO EMPEZAR YA, MI PRESENCIA EN ESTE MUNDO SIN UN CUERPO FÍSICO ES AGOTADORA"

-Espera a que terminen las clases... Tengo unos gólems que animar.

"NO MÁS TARDE DE LAS TRES"

-...De acuerdo.

Un escalofrío imperceptible recorrió a Marcos y Violeta al mismo tiempo, al tiempo que Violeta contaba los últimos minutos de su vida.

No hay comentarios: