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jueves, 27 de enero de 2011

Let the Music Begin Capítulo 3.

Marcos no pudo dejar de pensar en su amiga durante todo el trayecto en avión. Iba a visitar a sus abuelos, que vivían en Roma.
Una semana después, Marcos entró por la puerta de la clase. Nada más entrar, notó algo raro. El olor. Olía a... cigarrillo. No. A polvo, o a humo. No sabría decirlo con exactitud. Pero no era un olor normal. Se encogió de hombros y le llevó el justificante a la profesora, que lo tomó con gesto mecánico.
-Vete-a-tu-sitio.
-Esto... Vale...
Vi le hizo señas con la mano para que fuera con ella.
-¿Qué tal tu viaje?
-Genial. ¡Te he traido algo!
-¿En serio? - ya lo suponía, pero le hizo ilusión igualmente.
-Mira - sacó un pequeño abrecartas, cuya empuñadura era una clave de Sol.
Ella lo cogió con cuidado y lo admiró un rato.
-Es... precioso, Marcos.
-Si, lo sé. Por eso te lo compré - dijo él, guiñando un ojo.
Ella sonrió. Ambos se giraron y prestaron atención a la lección.

Al salir de clases, Violeta le dijo a Marcos:
-¿Vienes a casa un rato?
-Vale.
Caminaron juntos sin decir nada por el camino que atravesaba un descampado y que conducía a la semi mansión de Vi. No era un silencio incómodo, y ninguno de los dos necesitaba llenarlo con una charla insustancial e innecesaria. Se conocían lo suficientemente bien como para saber que no era necesario.
Llegaron a la puerta de casa de Violeta, y esta la abrió. Un pequeño chasquido les dio la bienvenida a la casa en penumbra.
-¿Y tus padres?
-... Fuera.
Fueron hasta la habitación, atravesando la casa, que a Marcos le dio sensación de abandono. Había polvo por todas partes, y unas corrientes de aire decían de ventanas abiertas o de grietas en el techo y las paredes. No había luz, o al menos no encendida. La habitación de Violeta estaba algo más caliente, y la luz si funcionaba. No había tanto polvo.
-¿Y tu hermano?
-En su habitación. Dice que no quiere que nadie lo moleste.
Marcos se fijó en la pared que estaba en frente del piano de cola. Había una estrella de cinco puntas con una clave de sol en medio, y distintos símbolos haciendo un círculo a su alrededor. Emitía un leve resplandor, casi inapreciable, de un blanco puro.
-Em... ¿Vi? - dijo él, señalando eso.
-¿Eh? Ah, no es nada. Leí por ahí que ayudaba a concentrarse y decidí probarlo.
Nunca se le había dado bien mentir, y Marcos se preguntó porqué lo hacía ahora tan descaradamente. Era evidente que eso en vez de concentrar, desconcentraba, y ese extraño resplandor... Además, Vi no leía revistas. Todo eso le parecía frívolo y estúpido. Y a Marcos no le cuadraba. La había notado muy rara en ese día. Estaba más alegre, más jovial, la gente la saludaba... No era "ella", exactamente.
-Violeta...
-¿Si?
-¿Qué has hecho?
-...
-Responde, por favor.
-Nada.
-Violeta...
-... - supiró -. He compuesto algo. No es importante...
-Pues la semana pasada casi te da un patatús cuando no me lo enseñaste.
-Me he dado cuenta de que no era tan importante - parecía estar esperando que alguien la interrumpiera, mirando constantemente la pared.
-...
-¡Ah! ¡Mira! - Violeta señalaba la pared, puesto que la gran marca que allí había se había empezado a iluminar más, y una luz cegardora inundó el cuarto.
-¡Pero qué...! - Marcos se tapó la cara con la mano para que la luz no le cegara completamente

"ESTOY AQUÍ"

-Oh... Musa, te estaba esperando.

"LO SÉ"

-Este es Marcos, nos va a ayudar.
-¿Pero de qué hablas?
-Ya te lo explicaré.

"¿DE VERAS?"

La gran voz de Musa resonaba por toda la casa, y, a pesar de infundir un temor indescriptible en el corazón de Marcos, tenía una musicalidad y un tono hermosísimos. Sonaba ligeramente curiosa.
-Si. Estoy segura de que lo entenderá.

"ESO ME AGRADA"

-Y a mi.

"PERO RESULTA EXTRAÑO PENSAR QUE OTRO HUMANO QUE NO SEAS TÚ QUIERA AYUDAR EN ESTA EMPRESA, QUE PODRÍAMOS CONSIDERAR SUICIDA. ¿QUÉ LE HAS PROMETIDO, UNA NOCHE DE SEXO SALVAJE?"

La voz de Musa era sarcástica, y, por una vez, pensó Violeta, no acertó sus predicciones.

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