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jueves, 27 de enero de 2011

E.P.A.

Hisoka era una adolescente normal y corriente, residente en Japón, estudiante del montón, amiga de sus amigos, hija de sus padres. Su vida era absolutamente normal, ella decía que era “aburrida” si le preguntabas. Pero un día, eso cambió drásticamente.
9 HORAS ANTES DE LA DECISIÓN
Hisoka oyó el despertador. ¡Las ocho! Que tarde se le había hecho. Se levantó a toda prisa, y se dirigió al baño. Se dio una ducha rápida, y se puso el uniforme. Se fue al instituto desayunando. A toda prisa por la calle, casi la atropella un camión. Un grito estridente brotó de su garganta, pero logró detenerse antes de terminar como una tortilla de chica. Suspiró aliviada, y pensó “Que suerte tengo”. Prosiguió su camino al instituto a toda prisa, pero aún así, no llegó antes que su profesor a clase.
Abrió la puerta del aula. El profesor de matemáticas (¡Que guay, mates a primera hora!) la miró con un brillo escéptico en los ojos.
-Señorita Takamura, espero que tenga una buena excusa.
Hisoka se sonrojó profundamente.
-P-pues yo… - los profesores la intimidaban mucho, siempre había sido así -. Me quedé dormida – dijo con una vocecilla inaudible.
Pensó que con eso libraría, pero no fue así. Dio un paso en dirección a su pupitre, pero oyó al profesor a sus espaldas, amenazador como un buitre carroñero.
-Disculpe, señorita Takamura, pero no la he oído bien. ¿Alguno de ustedes lo ha hecho? – preguntó, dirigiéndose a la clase en general.
Todos se miraron entre sí, excepto a la única EPA de la clase, pues supusieron que esta no tendría nada que decir.
Hisoka nunca fue especialmente popular. Incluso fue marginada por sus compañeros desde muy temprana edad. Ella los miraba suplicantes, pero ellos hicieron caso omiso, y dijeron a coro (excepto la EPA):
-No, profesor Namikawa – algunos con sorna, otros sinceramente, todos los humanos reales lo dijeron.
Hisoka se sintió traicionada un instante. Pero después, se dijo a sí misma “¿Acaso te sorprende? ¿Acaso pensabas que se iban a poner de tu parte después de tantos años de desprecio?”
-¡Señorita Takamura!
Hisoka se sobresaltó. El profesor se dirigía a ella.
-¿S…si, señor?
-Le estaba preguntando – dijo con pomposidad el joven profesor – si podría repetirlo más alto, para que todos podamos oírlo.
-H-he dicho q-que me he quedado d-dormida – dijo Hisoka, algo más alto, pero lo suficiente para que todo el mundo lo oyera.
La clase entera prorrumpió en carcajadas, que resonaron en los oídos de Hisoka como martillazos en planchas metálicas. Era muy sensible, pero nadie se había tomado la molestia de intentar comprenderla, excepto la EPA, posiblemente, porque a ella también la trataban de manera especial, pero no de la misma que a Hisoka. A ella la idolatraban. La idealizaban como la chica perfecta, aunque en realidad no lo fuera, solo lo pareciera. Solo porque ella…
-Señorita Takamura, tiene usted un retraso – dijo el profesor.
Hisoka asintió pesadamente con la cabeza, y se fue a su pupitre, al lado de la EPA (cuyo nombre es Mio), y dejó la cartera en el suelo. Seguía roja, y se sentía humillada. Mio le dio unas palmaditas en la espalda.
-Tranquila, ya ha pasado – dijo con su melodiosa voz.
Hisoka la miró cariñosamente.
-Por suerte, si.
No podía creer que la “chica” más popular de su clase (porque hay más EPA’s en las otras) quisiera siquiera hablar con ella. Mio sonrió, exhibiendo su maravillosa dentadura. Todo en ella era perfecto: su pelo rubio, sus ojos azules verdosos, su cuerpo de modelo… Todo. No era como Hisoka: su pelo pelirrojo era bonito, pero no se comparaba con el de Mio. Sus ojos eran de un corriente color negro, pero profundo, eso sí. Y su cuerpo no era el de una modelo, ni mucho menos. Era más bien redondita. Llevaba gafas y aparato. Y no era muy sociable, pero solo porque había aprendido a protegerse, después de años de burlas continuas. Suspiró, y sacó sus libros de la cartera, preparándose mentalmente para el asqueroso día que le esperaba.
2 HORAS ANTES DE LA DECISIÓN
Por fin, ya era la hora de salir de aquel agujero apestoso llamado instituto. Hisoka salió charlando con Mio, mientras los chicos le dedicaban a la misma miradas de interés. Hacían lo posible por ignorarlos. Mio quería quedar, pero a Hisoka no le gustaba pasar demasiado tiempo al aire libre. No era capaz de quedarse fuera durante mucho rato. Mio lo entendía, pero no por eso dejaba de intentarlo.
-¡Adiós, Hisoka-chan!
-Hasta luego, Mio – dijo Hisoka, con una sonrisa.
Subió al segundo piso de su casa, y se tiró sobre el futón que había olvidado recoger esa mañana. Se dio la vuelta, descansó un rato, y se puso a hacer deberes. El de matemáticas le había mandado unos cuantos ejercicios de más a la clase por su culpa, y eso le había granjeado unas miradas poco amistosas por parte de todos.
MEDIA HORA ANTES DE LA DECISIÓN
La madre de Hisoka estaba al llegar. Bajó un momento a la calle para salir a recibir a su madre. Solo un momento. Se apoyó en el muro de su casa, y cerró los ojos. No vio el camión que se aproximaba a toda velocidad. No le dio tiempo de reaccionar. Lo oyó demasiado tarde. Cuando quiso darse cuenta, el mismo camión de esa mañana se le había echado encima. Perdió el conocimiento.
La señora Takamura conducía de vuelta a casa, cuando vio un camión que se estrellaba contra el muro de su casa, exactamente en el mismo lugar en el que estaba Hisoka hacia unos segundos.
15 MINUTOS ANTES DE LA DECISIÓN
El señor Takamura estaba trabajando en su oficina, cuando recibió una llamada del hospital. Algo horrible le había pasado a Hisoka. Se largó de allí a toda velocidad, sin dar explicaciones, sin atender a nadie de aquellos que le decía que parase un momento. Solo tenía una idea en la cabeza: comprobar que su hija estaba bien. Se subió a su coche a toda velocidad, y condujo en dirección al hospital lo más rápido que pudo. Fue directo a la sección de urgencias. Allí estaba su mujer. Siempre había sido más fuerte que él. Estaba sentada en un banco. Sin ninguna expresión facial que delatase la ansiedad y el pánico que sentía por dentro. Se acercó a ella. Sen sentó a su lado. Ahora le tocaba a él ser el más fuerte de los dos. La abrazó, y ella no pudo contenerse más. Rompió a llorar en su hombro, sollozando palabras incomprensibles. Él no estaba mejor que ella, pero tendría que aguantar por los dos. Los médicos tardaron cuatro minutos más en salir.
30 SEGUNDOS ANTES DE LA DECISIÓN
-Hisoka está muy grave. Ha perdido mucha sangre, y es posible que no sobreviva si no hacen algo para salvarla.
-¿Y qué podemos hacer nosotros? – dijo la madre de Hisoka, que se había calmado un poco, pero ahora volvía a estar nerviosa.
Su marido si lo había entendido.
-¿No estarán…? ¿No estarán insinuando que convirtamos a nuestra hija en una EPA, verdad?
Los médicos asintieron.
-Lo único que necesitamos, es algo de pelo de la chica, y en unas horas podremos salvarla.
-¡Pero nosotros no…! – empezó a decir el señor Takamura, pero fue interrumpido por su mujer.
-Háganlo. Salven a Hisoka.
El señor Takamura se quedó de piedra.
-P-pero Margaret… - dijo el señor Takamura.
-No, Takashi, ni pero ni nada – dijo ella con voluntad férrea -. Está en juego la vida de mi hija, y pienso salvarla a toda costa.
Takashi suspiró. En el fondo, él también quería que Hisoka sobreviviera, pero de ese modo…
O SEGUNDOS ANTES DE LA DECISIÓN
-De acuerdo – cedió -. Háganlo.
Los médicos volvieron a la sala en la que Hisoka seguía en estado semicomatoso.
5 MINUTOS ANTES DE LA APARICIÓN
-Están tardando demasiado – dijo Margaret.
-Lo sé, pero recuerda que es todo por el bien de Hisoka.
Ella suspiró.
30 SEGUNDOS ANTES DE LA APARICION
Margaret y Takashi paseaban nerviosos por la sala de espera. Ya quedaba poco. Oyeron el ruido de una puerta al abrirse. Se giraron al mismo tiempo. Parecía que todo iba a cámara lenta, cuando una joven pelirroja, de profundos ojos negros, y curvas perfectas y bien proporcionadas, entró en la habitación andando de manera extraña. Parecía que Hisoka tardaría un poco en acostumbrarse a su nuevo cuerpo.
-M-mamá… - una voz cristalina, diferente a la anterior, salió de su garganta con un cariz metálico.
Necesitaría usar más la garganta, y necesitaría aprender a controlar su nuevo cuerpo de EPA, Experimento de Persona Artificial.
-¡Hisoka! – Margaret y Takashi corrieron hacia su recién revivida hija. La abrazaron. Pero ahora era diferente. Hisoka ya no era cálida y blanda, como los humanos. Ahora era fría y dura, como un robot. Lo que era. Lo que sería. Su piel todavía no se había adaptado a la temperatura exterior a la sala de pruebas.
-Hisoka, cariño… Creímos que no volveríamos a verte… - Margaret estaba feliz. Takashi todavía recelaba un poco, pero lo dejó pasar temporalmente por su mujer.
-P-papá… - su voz todavía tenía ese matiz metálico.
Takashi se estremeció ligeramente.
-Hija mía – la abrazó. Había pasado lo peor.
Los médicos se acercaron a ellos, y les entregaron una pequeña caja metálica rectangular.
-Aquí está todo lo que necesita Hisoka para conocer su nuevo cuerpo – abrieron la caja. Dentro, habían dos láminas (metálicas, como no) de apenas unos milímetros de grosor.
-¿Ahí? – dijo atónita la señora Takamura. Nunca había sido especialmente partidaria de la tecnología, pero si esta era beneficiosa, entonces…la cosa cambiaba.
-Gracias – dijo el señor Takamura, tomando la caja - ¿Hay que pagar la intervención?
-No, esto es aún un experimento, por lo que el Gobierno lo subvenciona todo.
El recelo del Takashi aumentó con estas palabras. ¿Un experimento? ¿Eso era su hija, un experimento?
-Gracias – repitió - .Vámonos, Margaret. Hisoka querrá acostumbrarse a ser una EPA.
Hisoka se sintió algo herida. Puede que su cuerpo hubiese cambiado, pero en esencia era la misma persona. Su mente, su alma, la parte etérea de su ser, era la misma. Lo único que había cambiado era el envoltorio. Y era desagradable. No sentía nada por el momento. No sabía si eso era extraño, y tenía miedo de preguntar, por si quedaba como una tonta. Prefirió callarse las dudas.
Ya en casa, Hisoka fue a su habitación. Todo se veía intensificado, gracias a su nueva vista de EPA. Todo era más agudo, más brillante, más contrastado....más todo. Se sentó sobre su futón, y allí inició el modo descanso. Era como dormir, excepto que te percatabas de todo lo que sucedía a tu alrededor. Así pasó el resto de la noche, oyendo los murmullos bajos e incesancetes de sus padres, que se creían fuera de peligro al hablar en voz baja, pero ahora, Hisoka podía oirlos con toda claridad. No le gustaba lo que oía. Su padre optaba por darle en adopción, pero su madre no cedía. No estaba dispuesta a dejar que su hija se fuera para siempre de su lado. Ella quería llorar, pero su nueva condición se lo impedía. Se sentía extraña en ese cuerpo. No era algo normal, toso era frío e inexplorado. Se preguntó si Mio también se sentiría así, y se quedó cavilando sobre ello toda la noche.

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