Cuenta-gente-que-se-pasa-por-aquí (asi os tengo controlados :D)

jueves, 27 de enero de 2011

Asassin, Capítulos 3 y 4.

Fuimos a la tienda y me probé unos cuantos modelos que no me terminaron de convencer, aunque según Yuki todo me quedaba 'estupendamente'. Yo no lo dudaba, pero nada me convencía. Diseñé un precioso vestido negro con escote palbra de honor y por encima de la rodilla, con vuelo (en vez de blanco, negro). Me encantó. Y a Yuki, también. Me llevó hasta mi casa y en la puerta me dijo:
-Espero verte pronto. Cuando no estás, todo parce más oscuro.
Me mordí el labio y me puse roja, pero le respondí:-Me verás mañana.
Nos despedimos y entré en mi casa. Me apoyé en la puerta con la espalda, dejé con cuidado el vestido en el suelo, y resbalé hasta el suelo con la espalda aún en la puerta. Me quedé allí hasta la hora de la cena, me levanté, y me preparé unos fideos de bote.Cuando me acosté, no pude evitar pensar en la que me esperaba mañana. No tardé en conciliar el sueño, pero en un estado entre el sueño y la vigilia, me pregunté si habría hecho bien en matar al padre de Yuki.

Cuando hube desayunado, fui a la ducha y me lavé el pelo con esmero mientras decidía si llevarlo suelto o recogido. Al final decidí llevarlo suelto, con mi flequillo recto en la frente y el resto desparramado por la espalda, aunque tampoco estaba tan largo, diez centímetros por debajo del hombro. Me planché el pelo, y cuando terminé, me puse un lazo negro a un lado de la cabeza. Me puse el vestido y unos zapatos, negros, como no, con dos o tres centímetros de tacón. Me puse sombra de ojos negra y un tono de gloss melocotón. Me miré en mi espejo de cuerpo entero, y me dije: 'Nada mal'. Me puse una gabardina negra abierta y cogí mi bolsito negro de mano para salir ya de casa. Cogí un autobús hasta el cementerio y miré las instrucciones que la madre de Yuki me había dado escritas en un papel. No tardé en encontrarlo y, para mi gran sorpresa, estaba abarrotado. No había ni rastro de adolescentes, solo Yuki, que consolaba a su madre. Me acerqué en silencio por detrás, y esperé a que su madre se calmara para tocar el hombro de Yuki.
-Ah, hola, Takahashi. Qué hay - me dijo sin entusiasmo.
-Nada interesante desde ayer - le contesté al borde del llanto. Me conmovió la profunda pena que había reflejada en su cara, y el debió de notarlo, porque me dijo:
- No llores, hombre, que todavía no han traído el cadaver.
Le miré con una cara que reflejaba pena y risa, pero más pena que risa.

Cuando empezó todo, y todo el mundo estuvo en sus puestos, trajeron el cuerpo. Cuando lo miré no sentí absolutamente nada. Pero supe que Yuki si sentiría algo. Le cogí la mano y apoyé la cabeza en su hombro. No pareció importarle que la asesina de su padre estuviera en estrecho contacto con él. En el momento en que metieron el cadáver en la fosa, solté la mano de Yuki, para que volviera a consolar a su madre. Y en ese mismo instante, la necesidad de contarle toda la verdad, se hizo más acuciante que nunca. Tuve que morderme la lengua para no soltarlo todo.
Me escabullí al baño en cuanto tuve la oportunidad.

Cuando, minutos después, me encontró Yuki, casi se echa a llorar de felicidad. Me estrechó entre sus brazos con fuerza y ternura.
-¡Para, animal, que me vas a ahogar! - le dije casi sin aliento.
-Lo siento, es que pensé que, tal vez, te habías ido.
Le miré con incredulidad. Con sus brazos aún reteniéndome, le dije:
-¿De verdad pensabas eso?
Negó con la cabeza.
-Es que quería pedirte algo.
-Lo que sea.
-¿Vendrías hoy y mañana, y algún tiempo más si quieres, a dormir a mi casa?
Alcé una ceja y le dije:
-¿Por qué?-Por qué mi madre se irá un tiempo de casa para asimilar lo de mi padre, y me sentiré muy solo si no hay nadie conmigo. Y a ella no le importa.
Dudé, pero al final dije:
-No, lo siento. No puedo implicarme en este tipo de cosas - me miró, suplicante, y me dolió en el alma tener que decirle que no. Una lágima se desbordó de la comisura de uno de sus bonitos ojos verdes -. Pero no llores - susurré mientras le limpiaba la lágrima -. Si voy a verte el lunes.
-Es mucho tiempo para mí - me dijo -. No lo soportaré.
Me cogió la cara entre sus manos y me besó con ternura. Me sorprendí a mi misma deseando que aquel beso durara eternamente, pero mi parte de asesina fría, calculadora, y entrenada, se impuso sobre lo demás. Le separé de mi lado con suavidad y le susurré, mientras negaba suavemente con la cabeza:
-No puedo.
Me giré y salí por la puerta con la sensación de que una parte de mi, se había quedado atrás con Yuki.

Durante el trayecto a casa, reflexioné sobre lo que había pasado con el ceño ligeramente fruncido. Si yo le gustaba de verdad, podría ser un problema, pero no podía ni plantearme lla idea de matarlo. Dolería demasiado. En caso de que siguiera atosigándome, no me quedaría otra que cambiarme de clase o de instituto. En el peor de los casos, de ciudad. Pero, ¿y si lo que pasaba era que se volvía totalmente indiferente conmigo? ¿Estaba yo preparada para aceptar la dolorosa, pero bien merecida indiferencia? No. No lo estaba. Así que recé para que hiciera como si no hubiera pasado nada, como si aquel maravilloso beso no hubiese pasado nunca.

Me acosté mientras pensaba en lo que había sentido cuando él me besó. No intentó retenerme, si no que me dejó marchar. No lo hizo con violencia, sino con ternura. Y yo sentí algo que había permanecido oculto muy poco tiempo. Demasiado poco tiempo. Sabía que esto no me traería más que dolor, pero no era capaz de dejar de pensar en él. Y eso de por sí ya era bastante doloroso. Saber que le quería, que le deseaba, y que no podía tenerle. Y mi cama me pareció demasiado grande para mí sola.

El lunes me esforcé por aparentar un aspecto normal y me prometí a mí misma que no mencionaría nada de lo ocurridoa nadie, ni lo comentaría con Yuki-kun. Antes de que sonara la campana, yo estaba sentada sobre el pupitre de una chica, Rumiko, y charlábamos de cosas supérfluas, hasta que llegó Yuki. Algunos le dieron palmaditas en la espalda, otros le dieron su pésame, pero yo nome moví del sitio.
-¿Qué pasa, ahora te cae mal, o qué? - me preguntó Rumiko.
-No, Rumi-chan, es algo que a tí no te interesa.
Me bajé de un salto del pupitre, y me dirigí hacia el mío en el momento en el que el profesor llamaba orden a la clase.

En el patio, un chico llamado Haaru, se me acercó y me dijo:
-¿Quieres venir a ver conmigo la peli que no fuiste a ver con los demás?
-¿Estás tonto, o qué? - mi crítica no pareció afectarle demasiado. Tenía un cierto aire arrogante y los ojos azules, que contrastaban con su pelo negro corto -. No.
Me alejé de allí, pero él me siguió.
-¿Por qué no?
-Por que no me da la gana.
Dicho esto, me metí en la marea de gente que volvía a clase. En plena clase de inglés, Yuki me dijo:
-Puedes ir al cine con Haaru, si lo que te preocupa soy yo. Tú ya me rechazaste. No tienes nada conmigo.
Le contesté:
-No te he rechazado, te he dicho que aún no. Lo que no quita que podamos tener algo.
-Vete al cine con Haaru, es un buen tío.
-Si tú me lo pides, de acuerdo.
Cuando salimos de clase, cogí por el hombro al tal Haaru y le dije:
-Vale. ¿Vamos ahora?
-No parces excesivamente entusiasmada.
Me encogí de hombros.
-Será por que no lo estoy.

Nos dirigimos a los cines más bonitos de la ciudad. Haaru resultó ser todo un caballero, pero sin perder el toque de rebelde. Me sorprendí a mi misma echándole miradas de vez en cuando, y en una me pilló y sonrió, pero fue una sonrisa cálida, no burlona. Me ruboricé. Cuando fuimos al restaurante, le hice algunas preguntas, y resultó ser un tipo con un intelecto agudo. Terminamos de comer, y me acompañó hasta la parada del autobús. Nos sentamos juntos en el banco, muy pegados el uno al otro, y él cogió mi mano. Le miré, algo sorprendida. Él no me miraba a mí, sino que dirigió la mirada al suelo y me dijo:
-Si te molesta, dímelo.
Asentí, conforme. Cuando llegó el autobús, se subió conmigo y se sentó tan (o más) cerca de mí que en la parada del mismo. Me acompañó hasta la puerta de mi casa, y yo le invité a entrar. Él aceptó, gustoso, y me dirigió una magnífica sonrisa. Le correspondí con una igual. Tomamos té, e hicimos los deberes juntos en el sofá del salón. Parecía que fuésemos novios desde hace ya un mes o así, y solo habíamos salido un día. Cuando terminamos, era de noche. Charlamos con la tele puesta, hasta que empezó a mirarme de esa forma que me hacía sentir un objeto. Ignoré esas miradas, hasta que me cogió por la cintura y me tumbó en el sofá mientras me besaba. Yo tenía los ojos abiertos de sorpresa. Por supuesto que ya lo había hecho antes, pero es que no me lo esperaba. Le conduje de la mano a mi habitación, y, una vez allí, se subió encima mío y me dijo al oído, mientras me besaba el cuello:
-¿Puedo? - tenía las manos encima de los botones de mi chaqueta.
Yo sólo le dije:
-Deberías esperar un poco, ¿no crees?
-¿Por qué? - me preguntó con curiosidad.
-Apenas te conozco.
-¿Acaso importa?
Le miré entrecerrando los ojos. Él no se había movido de encima mío.
-Supongo que no.
Y me volvió a besar.

Juramos no contarle a nadie lo sucedido, pero aún así, quedamos algunas veces más en mi casa. Dos, o así.
El martes de la semana siguiente, yo me quedé en los baños del piso de arriba, estaba buscando algo que se me había caído, y estaba sola.
-Hola - dijo una voz familiar en mis espaldas -. ¿Qué haces?
-Buscar algo. ¿Puedes venir hoy?
-Sí. Luego te recojo.
Y se quedó a ayudarme a buscar lo que se me había caído.
Casi nadie se dio cuenta de nuestra ausencia. Excepto Yuki.
-¿Dónde has estado? Te he buscado por todas partes - me dijo en clase de inglés.
Enrojecí ligeramente.
-Estaba en el baño buscando algo. Antes de que preguntes, sí, Haaru me estaba ayudando.
-Ya me imagino que servicios te estaba prestando - masculló.
Me indigné.
-¡No te metas en mi vida privada! - siseé de forma amenazadora.
-¿Así que yo tenía razón? Os habéis liado, ¿a que sí?
-¡Pervertido! No, claro que no.
Suspiró.
-¿Me tomas por idiota?
-Ahora sí. No tiene por qué haber pasado, al menos no ahora.
Arqueó una ceja.
-¿Al menos no ahora?
-¡Mierda! - dije de manera inaudible -. Lo que yo haga o deje de hacer no es asunto tuyo.








Una semana después, Haaru me preguntó:
-¿Esta tarde?
-Si. Un poco más tarde de lo normal. A las siete. ¿Puedes?
-Claro. Ya sabes, mi abuela está en una residencia y no se entera de lo que hago. A las siete, en tu casa.
-Puedes quedarte a dormir si quieres.
Sonrió.
-Ya veremos.
Lo de su abuela me lo había dicho ante mi pregunta de por qué tenía tanta libertad de movimientos. Sus padres le habían dejado al cuidado de su abuela para irse a un lugar remoto del mundo, ya que ellos no deseaban tener un hijo. A Haaru no parecía afectarle. No había conocido a sus padres, por que, en cuanto él nació, se lo encasquetaron a su abuela.

A las siete en punto sonó el timbre de mi puerta. Yo estaba preparando la cena, así que corrí a abrir la puerta para que no se quemaran los tallarines que estaba haciendo. Él entró y me dijo:
-Qué bien huele eso que estás preparando.
Sonreí para mis adentros y le dije mientras entraba por la puerta:
-Gracias, y me alegro de que te guste, por que esta será tu cena de hoy.
Se echó a reir. Serví la cena y comimos mientras charlábamos.
-Mañana es sábado. ¿Quieres hacer algo? - me preguntó.
-Tal vez... ¿al parque un rato?
-De acuerdo. Ahora solo quiero descansar un rato mientras vemos la tele. Ha sido una semana movidita.
Y tanto. Antes de que Haaru viniese a mi casa había tenido que hacer un trabajito. Un paseíllo por la ciudad en busca de un maldito hacker que se había colado en la red de el gobierno y había disparado algunos torpedos hacia la India. Fue más complicado de lo que esperaba. Se supone que él tenía una cita a ciegas conmigo, a pesar de que tendría ya los veinte bien cumplidos. Pero tardó en llegar como media hora. Cuando me disponía a irme, le ví llegar.
-¿Qué narices estabas haciendo? - le siseé.
-Nada, preciosa, no te impacientes, que ya te lo cuento - me dijo.
-¿Y? - le apremié.
-Me he vuelto a colar en la red del gobierno, y jamás adivinarás lo que he hecho.
Le miré como si fuera un chicle que se hubiera pegado a la suela de mi zapato, con asco y repugnancia.
-Genial - le dije, pero no pareció enterarse del sarcasmo.
-Lo sé.
Le pedí que saliésemos un momento a la calle, y lo lllevé a una que estaba desierta. Antes de que se diera la vuelta, saqué la pistola de el bolsillo de detrás de los vaqueros, y le disparé en medio de la cabeza. Oculté el cuerpo en un montón de basura y me fui. Llegué a casa justo a tiempo de empezar a hacer la comida y que me diera tiempo de terminarla antes de que viniera Haaru. Pero aún así, estaba cansada.
Acurrucaditos en el sofá, vimos una película. No pude evitarlo, me acordé de Yuki-kun. Le echaba de menos. Me mordí el labio con preocupación y funcí ligerísimamente el ceño, pero a pesar de todo, Haaru se dio cuenta.
-¿Te pasa algo, Juuri? - me preguntó.
Negué con la cabeza y le indiqué que siguese viendo la película.

Cuando terminó, me levanté y me fui al baño un momento. Me puse el camisón y busqué algo para Haaru. Encontré algo que era de mi supuesto padre, y bajé al piso de abajo. Le tendí la ropa a mi invitado y él la cogió y se dirigó al baño. Cotilleé en su mochila mientras él volvía. No encontré nada interesante, así que me puse a leer un manga que él tenía. Cuando le oí bajar las escaleras, volví a guardar el tomo y me fui a la cocina. Recogí la mesa y me puse a fregar los platos. Cuando Haaru llegó abajo, me ayudó a secar y guardar los platos. No podía sacarme a Yuki de la cabeza. Precisamente hoy, me dije, precisamente hoy a mi conciencia le ha dado por molestarme. Me concentré en la tarea de lavar los platos y logré sacármelo de la cabeza un rato. Cuando terminamos, ya se había hecho de noche, así que nos fuimos a mi habitación, mientras charlábamos de cosas de clases. Cuando me eché en la cama, con Haaru a mi lado, giré la cabeza, y una sensación de decepción invadió mi cuerpo. Él no era Yuki, me dije. Sacudí mentalmente la cabeza y me entregué a los besos de Haaru. Esa noche fue maravillosa. Solo nuestra.

Al día siguiente, cuando me desperté, Haaru hacía rato se había levantado. Su lado de la cama estaba frío. Me levanté y me vestí con la camisa de su pijama y algo de ropa interior. Bajé a la cocina rascándome los ojos y con pelos de recién levantada, y, ¿a quién me encontré? ¡Oh! A Haaru. Evidentemente. Tenía una enooorme sonrisa en la cara al girarse para saludarme, pero no pude evitar el volver a tener esa sensación de decepción al darme cuenta de que no era Yukito. Le devolví la sonrisa más grande que pude, aunque las comisuras de mis labios temblaron imperceptiblemente.
-¿Que preparas? - le pregunté.
-Bacon, tostadas y huevo frito - me respondió. Era todo un manitas. Podría sobrevivir en cualquier sitio.
-Me relamí de gusto y me senté en una silla a esperar.
-¡Listo!
-¡Bien! ¿Sabes...? Parecemos una pareja de recién casados - le dije.
-Je, je. Pues la verdad es que si - me respondió con la boca llena de comida.
-¿Qué planes hay para hoy? Me muero de ganas de salir de compras... - le dije, pensativa. Y, inevitablemente, me acordé de cuando fui de compras con Yuki. Pero no dejé que en mi cara se transluciera esa emoción.
-¡Pues de compras se ha dicho! - me respondió.
-Hoy estás de muy buen humor - le dije.
-Pues claro, ¿qué querías, con una chica preciosa a mi lado y una noche estupenda a mis espaldas? - me dijo, y me sonrojé ligeramente.
Me reí quedamente y me levanté de la mesa, no sin antes darle un beso de agradecimiento. Pero ese beso no me resultó tan agradable como siempre. Me dí la vuelta y me fui al baño a darme una ducha. Cuando terminé, me vestí con unos shorts vaqueros, unas sandalias con una pequeña plataforma de correas color verde pistacho, y una camiseta verde, morada y blanca. Me hice una coleta alta y me puse un poco de brillo en los labios. Bajé otra vez y le dije a Haaru que saldría un momento a comprar algo. Me respondió que estaba de acuerdo y me fui de casa.

Cogí la moto y fui a la mercería, a comprar hilo de color negro y blanco. Salí de la tienda, que estaba delante del parque, y vi algo que me hizo soltar la bolsa. Yukito, el Yuki por que había estado preocupada todo el día de ayer y hoy, estaba con (que ironía) Yûki, una chica de clase. Recogí la bolsa y me puse el casco a toda prisa. Lo último que quería era que me reconocieran. Me subí a la moto, y conducí hasta casa. Cuando llegué, Haaru ya se había terminado de arreglar y estaba listo para salir.
-¿Vamos? - me preguntó, con una de sus sonrisas.
Yo tenía el ánimo por los suelos, así que le respondí:
-No. Lo siento, pero ¿podríamos dejarlo para otro día? Hoy no estoy de humor - le rogué. Se me iban a saltar las lágrimas de un momento a otro, y nunca he soportado que otras personas vean mis debilidades.
Me miró muy extrañado y me dijo:
-Claro, pero ¿te pasa alg...?
-¡No! ¡No me pasa nada, pero por favor vete! - dije mientras le empujaba a la puerta -. Ya voy yo a por tus cosas.
Se me quedó mirando desde la puerta mientras le entregaba su mochila y le empujaba para echarle.
-Ya me voy, ya, pero dime, ¿he hecho algo que te moleste?
-No, no es tu culpa, y ahora, ¡Adiós! - y le cerré la puerta en las narices.
Salí corriendo a mi habitación y me tiré en la cama a llorar, totalmente destrozada. Lloré, y lloré hasta la noche. A las nueve, me decidí a enviarle un SMS a Haaru. Le puse: 'Lo sient, pro no creo qe podas venr mañ, stoy algo depre. Xao' La contestación no tardó en llegar: 'Ok, pro dim pq. He sid io?' 'No, pro me voi a dormr ya. Ta mañana. Kiss' 'Xao' Me dormí vestida y todo, y a la mañana siguiente tenía una resaca horrible. Me quité los zapatos, la ropa y todo y me puse un pijama cómodo. Me preparé una toatada y me puse a hacer los deberes para el lunes. No me ocuparon demasiado tiempo. El resto de la tarde lo dediqué a ver la televisión.

No hay comentarios: