Cuenta-gente-que-se-pasa-por-aquí (asi os tengo controlados :D)

lunes, 3 de mayo de 2010

Revuelta!! (Es decir, que revuelvo)

Mi gozo en un pozo. Seguramente tendreis ganas de lincharme, comprendo. Seguramente. Pero no podeis. Ja. No podeis.

Pasando a otro orden de cosas, ahora toca una GRAN subida: Ahi lo teneis, el ultimo capitulo de Assasin:

Las urgencias del hospital regional estaban colapsadas ese día. Había habido una explosión tremebunda en un motel de carretera, y habían muchos heridos. Entre ellos, la que peor estaba, era una joven de 24 años, estatura media, cabellos negros y ajos verdiazules. Por supuesto, esto los médicos no lo sabían, ya que ella había estado en el centro de la explosión, y su cuerpo estaba prácticamente carbonizado, apenas respiraba, y su mente estaba ralentizada.

En la mente de Juuri:

Mierda… Me ha jodido. Ah… Que dolor de cabeza. Y… no siento el cuerpo. ¡No! ¡No puedo moverme! ¡Dios! Qué asco… Cuando me recupere, ese cabrón se va a enterar. Le voy a volar la tapa de los sesos, le voy a hacer de todo. ¡Le va a doler hasta a sus muertos!

En casa de Yuuki, el mismo brillaba por su ausencia.

>¡Ring, ring! ¡Ring, ring!<>

-¿Sí?

-¿Mamá?

-¡Yukito, hijo! ¡Qué sorpresa!

-Vamos mamá...Ni que fuera tan raro que llamara - las risas se oyeron a ambos lados de la línea.

Mantuvieron una conversaciñon agradable, y, a la hora de despedirse, la señora Takeuchi dijo:

-Yuki, ¿qué tal tu prometida?

-¿Valerie? Perfectamente, gracias mamá.

La señora Takeuchi sonreía.

-Me alegro, hijo. Hablando de eso - dijo, recordando algo de repente -, hoy he visto en las noticias algo terrible. Una chica joven, de tu edad, totalmente carbonizada por una explosión. ¿No es horrible?

-Er... Si, mamá, pero ¿Porqué me lo cuentas?

-Porque esa chica me recordó a Juuri.

Yuki pensó un momento.

-¿A quién, mamá? No se quién es esa.

La señora Takeuchi se sorprendió sobremanera.

-¿No la recuerdas? Fue tu amiga, aquí, en Japón. Antes de que te fueras a L.A. y conocieras a Valerie.

Yuki se esforzaba en pensar, pero ninguna Juuri acudía de sus recuerdos.

-Lo siento mamá, no la recuerdo.

La señora se echó a reir.

-No re disculpes conmigo, discúlpate con la pobre chica.

Yuki rio también.

Juuri estaba fatal. Horriblemente mal.

Mierdaaaa... Tengo que vivir... Tengo que salir de esta... Como siempre... Vamos, abre los ojos, estúpido cuerpo.

Como respondiéndole, su cuerpo se convulsionó un momento, justo antes de que su médula se rompiera, de tan requemada que estaba.

¡NO! ¡NO, NO, NO!

Juuri solo veía un puente de cristal, y todo lo demás, negro. Solo un puente de cristal, y a ella misma, como iluminada por un resplandor casi mágico.

¿Qué...? ¿Qué pasa aquí?

Caminaba. No podía detenerse, aunque tampoco quería. Veía como el puente se iba haciendo más y más delgado bajo sus pies. Llegó al final, pero, antes de pisar la "última base", el cristal se resquebrajó, dañando sus pies. No gritó. No lo intentó. Sabía que no podría, y que nadie la oiría. Solo pudo pensar.

Yuki... Estúpido, no pude...

Y luego, solo cayó, y todo se apagó. En el hospital, la máquina dejó de emitir un zumbido. La línea de la pantalla dejó de moverse. Ahora era recta.

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Olé. Y sanseacabó. Y aqui hay otr ahistoria:


Eva volvía a casa corriendo. Su padre la mataría, llegaba tardísimo... Pero tenía una excusa: la profesora la había retenido en clase, para un trabajo de grupo o alguna chorrada por el estilo. Si, eso valdría.

Siguió corriendo en dirección a su casa, mientras este pensamiento reconfortaba su mente. Si al menos su padre no la obligase a base de golpes a volver pronto, igual no tendría que inventarse estas estúpidas excusas. Suspiró, con la tristeza acumulada de varios años de maltrato y humillaciones.

Estuvo a punto de tropezar con una farola, así que dejó ese deprimentes pensamientos, en el cofre de su memoria, guardándolos para, el día oportuno, poder olvidarlos sin que las heridas inflingidas tuvieran ningún peligro de volver a abrirse.

Llegó jadeando al portal, y, de un empujón, abrió la puerta.

-¡Ya estoy en casa! - gritó, pero nada más dejar de hablar, recibió el primer golpe: su padre le había cruzado la cara con un bofetada. Ella se aguantó las lágrimas, pues sabía que lo peor estaba aún por llegar. Se tocó la zona dolorida con la mano, y tragó saliva, esperando el siguiente golpe, aguantando y sufriendo, llorando y sangrando por dentro de su ser, y ahora también por fuera.

-¡Joder, Eva, si te digo que vuelvas pronto, es que vuelvas pronto! - los gritos de su padre resonaban en su cabeza, impidiéndole argüir su brillante excusa. Pero ahora se daba cuenta de que hubiera sido igualmente inútil.

Al cabo de unas horas de interminable sufrimiento, una luz se iluminó al final del túnel: su padre tení hambre, así que por hoy, la paliza había terminado. Se levantó. Al ir a hacerlo, su tobillo se contorsionó de forma extraña y la hizo caer de bruces al suelo, pero, como se apoyó en la mano, eso también le hizo notar el horrible dolor de la lesión allí oculta. Gimió, pero pudo arrastrarse hasta su habitación. Se tumbó en la cama, y durmió. Y soñó con mundos maravillosos. Con gente que la quería, que la respetaba. Que la necesitaba. Y una lágrima rodó por su mejilla.

A la mañana siguiente, Eva no podía ni moverse. Intentó levantarse, pero sus miembros no le respondían. Noperdió los nervios. No era lo habitual, pero tampoco era nada muy extraño. Empezó con unos ejercicios para mover los dedos de los pies, y así con el resto del cuerpo. Cuando hubo terminado, se levantó, pero su tobillo la hizo caer de nuevo.

-Nooo... - se lo miró y estaba hinchado. Justo lo que le faltaba. Se hizo una bola sobre sí misma, y se quedó en el suelo un rato, sopesando cada posibilidad con un cuidado milimétrico. Ir al médico y alegar una caída, no le parecía mala idea. Suspiró. Llegó como pudo al baño, y se arregló para salir.

En la consulta del médico, la pobre Ana no sabía que hacer. El tipo la miraba con una cara extrañada,mientras murmuraba algo de "lesiones por una caída, no son así...".

Ana estaba muy roja. Insistía en su versión, y el médico tuvo que creerle. Sin mucha convicción, la dejó marchar con unas muletas y unas vendas.

Y sanseacabó (de nuevo). Ahora otra: E.P.A:


Hisoka era una adolescente normal y corriente, residente en Japón, estudiante del montón, amiga de sus amigos, hija de sus padres. Su vida era absolutamente normal, ella decía que era “aburrida” si le preguntabas. Pero un día, eso cambió drásticamente.

9 HORAS ANTES DE LA DECISIÓN

Hisoka oyó el despertador. ¡Las ocho! Que tarde se le había hecho. Se levantó a toda prisa, y se dirigió al baño. Se dio una ducha rápida, y se puso el uniforme. Se fue al instituto desayunando. A toda prisa por la calle, casi la atropella un camión. Un grito estridente brotó de su garganta, pero logró detenerse antes de terminar como una tortilla de chica. Suspiró aliviada, y pensó “Que suerte tengo”. Prosiguió su camino al instituto a toda prisa, pero aún así, no llegó antes que su profesor a clase.

Abrió la puerta del aula. El profesor de matemáticas (¡Que guay, mates a primera hora!) la miró con un brillo escéptico en los ojos.

-Señorita Takamura, espero que tenga una buena excusa.

Hisoka se sonrojó profundamente.

-P-pues yo… - los profesores la intimidaban mucho, siempre había sido así -. Me quedé dormida – dijo con una vocecilla inaudible.

Pensó que con eso libraría, pero no fue así. Dio un paso en dirección a su pupitre, pero oyó al profesor a sus espaldas, amenazador como un buitre carroñero.

-Disculpe, señorita Takamura, pero no la he oído bien. ¿Alguno de ustedes lo ha hecho? – preguntó, dirigiéndose a la clase en general.

Todos se miraron entre sí, excepto a la única EPA de la clase, pues supusieron que esta no tendría nada que decir.

Hisoka nunca fue especialmente popular. Incluso fue marginada por sus compañeros desde muy temprana edad. Ella los miraba suplicantes, pero ellos hicieron caso omiso, y dijeron a coro (excepto la EPA):

-No, profesor Namikawa – algunos con sorna, otros sinceramente, todos los humanos reales lo dijeron.

Hisoka se sintió traicionada un instante. Pero después, se dijo a sí misma “¿Acaso te sorprende? ¿Acaso pensabas que se iban a poner de tu parte después de tantos años de desprecio?”

-¡Señorita Takamura!

Hisoka se sobresaltó. El profesor se dirigía a ella.

-¿S…si, señor?

-Le estaba preguntando – dijo con pomposidad el joven profesor – si podría repetirlo más alto, para que todos podamos oírlo.

-H-he dicho q-que me he quedado d-dormida – dijo Hisoka, algo más alto, pero lo suficiente para que todo el mundo lo oyera.

La clase entera prorrumpió en carcajadas, que resonaron en los oídos de Hisoka como martillazos en planchas metálicas. Era muy sensible, pero nadie se había tomado la molestia de intentar comprenderla, excepto la EPA, posiblemente, porque a ella también la trataban de manera especial, pero no de la misma que a Hisoka. A ella la idolatraban. La idealizaban como la chica perfecta, aunque en realidad no lo fuera, solo lo pareciera. Solo porque ella…

-Señorita Takamura, tiene usted un retraso – dijo el profesor.

Hisoka asintió pesadamente con la cabeza, y se fue a su pupitre, al lado de la EPA (cuyo nombre es Mio), y dejó la cartera en el suelo. Seguía roja, y se sentía humillada. Mio le dio unas palmaditas en la espalda.

-Tranquila, ya ha pasado – dijo con su melodiosa voz.

Hisoka la miró cariñosamente.

-Por suerte, si.

No podía creer que la “chica” más popular de su clase (porque hay más EPA’s en las otras) quisiera siquiera hablar con ella. Mio sonrió, exhibiendo su maravillosa dentadura. Todo en ella era perfecto: su pelo rubio, sus ojos azules verdosos, su cuerpo de modelo… Todo. No era como Hisoka: su pelo pelirrojo era bonito, pero no se comparaba con el de Mio. Sus ojos eran de un corriente color negro, pero profundo, eso sí. Y su cuerpo no era el de una modelo, ni mucho menos. Era más bien redondita. Llevaba gafas y aparato. Y no era muy sociable, pero solo porque había aprendido a protegerse, después de años de burlas continuas. Suspiró, y sacó sus libros de la cartera, preparándose mentalmente para el asqueroso día que le esperaba.

2 HORAS ANTES DE LA DECISIÓN

Por fin, ya era la hora de salir de aquel agujero apestoso llamado instituto. Hisoka salió charlando con Mio, mientras los chicos le dedicaban a la misma miradas de interés. Hacían lo posible por ignorarlos. Mio quería quedar, pero a Hisoka no le gustaba pasar demasiado tiempo al aire libre. No era capaz de quedarse fuera durante mucho rato. Mio lo entendía, pero no por eso dejaba de intentarlo.

-¡Adiós, Hisoka-chan!

-Hasta luego, Mio – dijo Hisoka, con una sonrisa.

Subió al segundo piso de su casa, y se tiró sobre el futón que había olvidado recoger esa mañana. Se dio la vuelta, descansó un rato, y se puso a hacer deberes. El de matemáticas le había mandado unos cuantos ejercicios de más a la clase por su culpa, y eso le había granjeado unas miradas poco amistosas por parte de todos.

MEDIA HORA ANTES DE LA DECISIÓN

La madre de Hisoka estaba al llegar. Bajó un momento a la calle para salir a recibir a su madre. Solo un momento. Se apoyó en el muro de su casa, y cerró los ojos. No vio el camión que se aproximaba a toda velocidad. No le dio tiempo de reaccionar. Lo oyó demasiado tarde. Cuando quiso darse cuenta, el mismo camión de esa mañana se le había echado encima. Perdió el conocimiento.

La señora Takamura conducía de vuelta a casa, cuando vio un camión que se estrellaba contra el muro de su casa, exactamente en el mismo lugar en el que estaba Hisoka hacia unos segundos.

15 MINUTOS ANTES DE LA DECISIÓN

El señor Takamura estaba trabajando en su oficina, cuando recibió una llamada del hospital. Algo horrible le había pasado a Hisoka. Se largó de allí a toda velocidad, sin dar explicaciones, sin atender a nadie de aquellos que le decía que parase un momento. Solo tenía una idea en la cabeza: comprobar que su hija estaba bien. Se subió a su coche a toda velocidad, y condujo en dirección al hospital lo más rápido que pudo. Fue directo a la sección de urgencias. Allí estaba su mujer. Siempre había sido más fuerte que él. Estaba sentada en un banco. Sin ninguna expresión facial que delatase la ansiedad y el pánico que sentía por dentro. Se acercó a ella. Sen sentó a su lado. Ahora le tocaba a él ser el más fuerte de los dos. La abrazó, y ella no pudo contenerse más. Rompió a llorar en su hombro, sollozando palabras incomprensibles. Él no estaba mejor que ella, pero tendría que aguantar por los dos. Los médicos tardaron cuatro minutos más en salir.

30 SEGUNDOS ANTES DE LA DECISIÓN

-Hisoka está muy grave. Ha perdido mucha sangre, y es posible que no sobreviva si no hacen algo para salvarla.

-¿Y qué podemos hacer nosotros? – dijo la madre de Hisoka, que se había calmado un poco, pero ahora volvía a estar nerviosa.

Su marido si lo había entendido.

-¿No estarán…? ¿No estarán insinuando que convirtamos a nuestra hija en una EPA, verdad?

Los médicos asintieron.

-Lo único que necesitamos, es algo de pelo de la chica, y en unas horas podremos salvarla.

-¡Pero nosotros no…! – empezó a decir el señor Takamura, pero fue interrumpido por su mujer.

-Háganlo. Salven a Hisoka.

El señor Takamura se quedó de piedra.

-P-pero Margaret… - dijo el señor Takamura.

-No, Takashi, ni pero ni nada – dijo ella con voluntad férrea -. Está en juego la vida de mi hija, y pienso salvarla a toda costa.

Takashi suspiró. En el fondo, él también quería que Hisoka sobreviviera, pero de ese modo…

O SEGUNDOS ANTES DE LA DECISIÓN

-De acuerdo – cedió -. Háganlo.

Los médicos volvieron a la sala en la que Hisoka seguía en estado semicomatoso.

5 MINUTOS ANTES DE LA APARICIÓN

-Están tardando demasiado – dijo Margaret.

-Lo sé, pero recuerda que es todo por el bien de Hisoka.

Ella suspiró.

30 SEGUNDOS ANTES DE LA APARICION

Margaret y Takashi paseaban nerviosos por la sala de espera. Ya quedaba poco. Oyeron el ruido de una puerta al abrirse. Se giraron al mismo tiempo. Parecía que todo iba a cámara lenta, cuando una joven pelirroja, de profundos ojos negros, y curvas perfectas y bien proporcionadas, entró en la habitación andando de manera extraña. Parecía que Hisoka tardaría un poco en acostumbrarse a su nuevo cuerpo.

-M-mamá… - una voz cristalina, diferente a la anterior, salió de su garganta con un cariz metálico.

Necesitaría usar más la garganta, y necesitaría aprender a controlar su nuevo cuerpo de EPA, Experimento de Persona Artificial.

-¡Hisoka! – Margaret y Takashi corrieron hacia su recién revivida hija. La abrazaron. Pero ahora era diferente. Hisoka ya no era cálida y blanda, como los humanos. Ahora era fría y dura, como un robot. Lo que era. Lo que sería. Su piel todavía no se había adaptado a la temperatura exterior a la sala de pruebas.

-Hisoka, cariño… Creímos que no volveríamos a verte… - Margaret estaba feliz. Takashi todavía recelaba un poco, pero lo dejó pasar temporalmente por su mujer.

-P-papá… - su voz todavía tenía ese matiz metálico.

Takashi se estremeció ligeramente.

-Hija mía – la abrazó. Había pasado lo peor.

Los médicos se acercaron a ellos, y les entregaron una pequeña caja metálica rectangular.

-Aquí está todo lo que necesita Hisoka para conocer su nuevo cuerpo – abrieron la caja. Dentro, habían dos láminas (metálicas, como no) de apenas unos milímetros de grosor.

-¿Ahí? – dijo atónita la señora Takamura. Nunca había sido especialmente partidaria de la tecnología, pero si esta era beneficiosa, entonces…la cosa cambiaba.

-Gracias – dijo el señor Takamura, tomando la caja - ¿Hay que pagar la intervención?

-No, esto es aún un experimento, por lo que el Gobierno lo subvenciona todo.

El recelo del Takashi aumentó con estas palabras. ¿Un experimento? ¿Eso era su hija, un experimento?

-Gracias – repitió - .Vámonos, Margaret. Hisoka querrá acostumbrarse a ser una EPA.

Hisoka se sintió algo herida. Puede que su cuerpo hubiese cambiado, pero en esencia era la misma persona. Su mente, su alma, la parte etérea de su ser, era la misma. Lo único que había cambiado era el envoltorio. Y era desagradable. No sentía nada por el momento. No sabía si eso era extraño, y tenía miedo de preguntar, por si quedaba como una tonta. Prefirió callarse las dudas.

Ya en casa, Hisoka fue a su habitación. Todo se veía intensificado, gracias a su nueva vista de EPA. Todo era más agudo, más brillante, más contrastado....más todo. Se sentó sobre su futón, y allí inició el modo descanso. Era como dormir, excepto que te percatabas de todo lo que sucedía a tu alrededor. Así pasó el resto de la noche, oyendo los murmullos bajos e incesancetes de sus padres, que se creían fuera de peligro al hablar en voz baja, pero ahora, Hisoka podía oirlos con toda claridad. No le gustaba lo que oía. Su padre optaba por darle en adopción, pero su madre no cedía. No estaba dispuesta a dejar que su hija se fuera para siempre de su lado. Ella quería llorar, pero su nueva condición se lo impedía. Se sentía extraña en ese cuerpo. No era algo normal, toso era frío e inexplorado. Se preguntó si Mio también se sentiría así, y se quedó cavilando sobre ello toda la noche.

Y aqui viene otra: Friki camuflado:


Shuichi iba de vuelta a casa. El instituto había sido especialmente agotador ese día. Tenía ganas de volver a casa y descansar largo y tendido antes de su cita en... ¡Vaya, lo había olvidado! Hoy no había cita. Seiyi no podía ir, y los demás no querían quedar sin él. Bueno, tanto mejor. Estaba agotado. Entró en casa, donde su madre le recibió con una sonrisa. Su padre aún estaba trabajando, y su hermana estaba aún en el colegio. Subió a su habitación y miró el calendario. Dentro de poco era el cumpleaños de Alma. Tedría que felicitarla y darle un buen regalo. Después de todo, no se cumplían 18 años todos los dias. Tendría que devolverle el gesto que ella tuvo con él en su propio dieciocho aniversario. ¿Qué podría darle? Bajó a la cocina cogió una manzana. Se la comió meditando el asunto. Es posible que le gustase el Final Fantasy XIII. Si, eso estaría bien. Satisfecho con su decisión, Shuichi volvió a su cuarto a hacer los deberes.

Después de terminar, hacia el crepúsculo, Encendió el ordenador un rato. Se conectó a un programa de mensajería instantánea, y vió que Ume estaba conectada. Seguramente podría consultarle a ella los detalles del regalo de Alma. Al fin y al cabo, eran hermanas. Alma era adoptada, pero era igualmente hermana de Ume.

Shuichi: Ume! tia, canto time :D qe bn verte pr aki

Shiraume: Hey, shu! XD ia ves, el insti, qe mandan muxos debers y cuestn muxo de acer XD

Shuichi: a mi m lo vs a decir XDD qe te contas?

Shiraume: ps na, aki, liada cn el cumple d Alma

Shuichi: d eso qeria ablarte. pensba regalrle l juego de ff xiii, pro nuse si le gustra

Shiraume: way!! fijo qe le ncanta ^^

Shuichi: oks ;D

Siguieron hablando largo rato de diferentes cosas, hasta que, al final, se les hizo demasiado tarde.

Shuichi: oie, ume, me tng k ir

Shiraume: oks ^^ ns vemosh maniana en el insti

Shuichi: xaoo bss

Shuichi apagó el odrdenador. Estiró los brazos y se levantó. Le crujieron las rodillas. Bajó y fue a cenar con su familia.

-Shu, cariño, ¿has hecho los deberes? - le preguntó su madre.

-Si, mamá - se sentó a la mesa -.¿Y papá? - cogió los cubiertos y esperó su plato.

-Todavía no ha llegado. - suspiro dramático -. El trabajo de policía ocupa mucho tiempo.

-Lo sé, mama.

Momo bajó en ese momento.

-¡Hermanito! - se tiró en el regazo de Shu.

Shu se echó a reir, y le revolvió el pelo.

-Aquí mismo, monstruito.

Cenaron, y el padre de Shu llegó media hora después.

-Lo siento, cariño, estaba a tope de papeleo - le dió un beso a la madre de Shu.

-Tranquilo - sonrió -, sé que es un trabajo complicado.

Shuichi se fue a dormir un rato después. Se puso su pijama, y se lavó los dientes. Se echó a dormir, pensando en que mañana, fijo que Seiyi y los demás si podrían quedar.

El despertador no sonó. Era sábado. Shuichi abrió los ojos, y lo primero que pensó fue:

"Mierda."

La razón:

"Hoy no quedamos."

Los sábados, el grupo nunca quedaba para...

-¡Shuichi! - un grito de su madre le sacó de sus ensoñaciones -¡A desayunar!

-¡Vooooy! - respondió, y bajó rápidamente los escalones. Se resbaló y estuvo a punto de caerse. Digo a punto, porque su padre estuvo allí para cogerle en brazos.

Se sentó a la mesa. El desayuno tenía una pinta estupenda. Shuichi lo devoró con ganas, mientras su madre decía por lo bajo:

-Ni que nunca le diera de comer, oye...

Shuichi fue a la ducha. Lavó su cuerpo esculpido de sesiones y sesiones de footing, judo, y K-1, y luego se vistió con una camiseta negra, unos vauqeros, y unas Converse All Star rojas.

-¡Mamá, me voy a comprar el regalo de Alma!

-¡Vale! ¡Vuelve pronto!

Shuichi hizo como si no hubiera oído nada, y salió de casa. Había quedado con Ume en el centro comercial. Cogió la moto y los dos cascos, y se fue en dirección al centro.

Ume acababa de llegar, cuando una moto negra aparcó delante de ella.

-Shu, tío, siempre llamando la atención.

Shuichi se quitó el casco, y le dedicó una sonrisa de las que tumban tias a montones. Pero Ume estaba acostumbrada, y ni siquiera se inmutó.

-Ume, sube, que te llevo a la tienda.

Ume cogió el casco, y se subió a la moto. Shu se volvió a poner el casco, y encendió la moto, que rugió como un animal salvaje con ganas de correr por la carretera.

Llegaron a la tienda de comics, videojuegos y manga, que estaba más o menos en la periferia de la ciudad. Shuichi dejó la moto aparcada, y los dos fueron a buscar el videojuego de Alma.

Ume iba mona ese día. Shu se fijó en ello. Llevava un minivestido azul oscuro con volantes, unos panties negros, y unos zapatos con tacón medio y un lazo para atarlos. El estilo Gothic Lolita le sentaba genial con su largo pelo negro y su flequillo para el lado.

-¿Qué miras?

-¿Eh? No, nada, que vas mona hoy...

Ella alzó una ceja.

-¿SOLO HOY?

-Ejem... NOOO, QUE VAAAAA... COMO TODOS LOS DIIIIAAAS....

Entraron en la tienda, y los gritos de los amantes del rol casi los dejan sordos. Llegaron al mostrador, que estaba vacío.

-¡Seiyiiiiiii! - llamó Shuichi.

El susodicho apareció por una esquina, y dijo:

-¡Hombre, Shu, cuán...! - hasta que recordó algo -. Es deciiiiiir... ¿Qué te trae por aquí, forastero que no he visto absolutamente jamás en lo que llevo viviendo en este vasto mundo?

-Tampoco te pases, hombre... que alguna vez si que me paso - le dijo Shu a Seiyi -. Vengo a buscar el Final Fantasy, el nuevo, para la PS3.

-¡Ah, justo ese nnos lo mandaron ayer! - se fue a buscarlo durante un rato, hasta que volvió -. Toma.

-Gracias. Ah, Seiyi - se acercó hasta que solo ellos pudieron air lo que Shuichi decía con voz de asesino en serie -. No le digas ABSOLUTAMENTE A NADIE que yo vengo por aquí. ¿Lo has entendido, o se lo digo a tus rótulas con un bate de baseball?

-Lo he entendido, tranquilo.

-Vale.

Shu y Ume subieron de nuevo a la moto y se dirijieron al centro comercial nuevamente.

-No me has necesitado para nada, tio - le dijo Ume a Shuichi.

-Ya, pero por si acaso... Oye, de esto a Alma, ni una palabra, ¿vale?

Ella le mira con cara de "Tú-eres-tonto-o-barres-desiertos".

-No soy estúpida. Lo sé.

-Era por si acaso.

-Ja, ja - risa sarcástica.

-Amargada.

-Idiota.

-Tonta 'el bote.

-Mira quien fue a hablar.

-Que graciosa.

-Ya ves.

-No, no lo veo.

-Anormal.

La gente empezó a hacer un corro a su alrededor. Vaya, ya estaban allí los chicos que solían pelearse en el centro. Venían casi todas las tardes.

-Mirala, que se enfada - con sorna.

-Si, no veas, me va a explotar la cabeza.

-Eso quiero verlo.

-Energúmeno.

Shuichi miró el reloj.

-Oye, me tengo que ir.

Ella le miró. Sonrió.

-Cobarde.

-Ume, es...

-Siiiii, seguuuuurooo...

La gente empezó a decir: "Cobaaaaaaaaaarde, cobaaaaaaaarde". A Shuichi se le saltó la venita.

-¡YA ESTÁ BIEN, NARICES! ¡¿NO TENÉIS NADA MEJOR QUE HACER?!

Todos al unísono:

-No.

Después de este pequeño percance, Shuichi se fue a su casa.

-Maldita Shiraume... siempre igual... hmpf... - iba mascullando por lo bajo de vuelta a casa.

En esas, su hermana le oyó. La inocente chiquilla le preguntó:

-¿Shiraume está maldita?

Él la miró sorprendido.

-¿Eh? No, ¿porqué lo dices?

-Es lo que acabas de decir...

-¡¿Eh?! Ah...No, no es nada, lo que pasa es que Ume puede ser MUY cargante, estresante, y puede que te den ganas de cortarla-quemarla-freirla-hacerla a la plancha-rebozarla-y servirla con queso President.

-Ah. Me voy a hacer los deberes. Nos vemos.

-Vale.

Shuichi no sabia que hacer. Estaba aburrido. Pensó en llamar a Seiyi para quedar, así que cogió el teléfono y...este empezó a sonar.

-¿Shu?

-Alma, hola. ¿Qué tal?

-Bien, bien - se la notaba impaciente por algo -. Shu, ven a casa.

-¿Para? - estaba aburrido, pero no tanto.

-Quiero que veas algo - ¿Acaso finalmente, cedería? ¿Finalmente, llegaría hasta ahí? -. ¡Me he comprado un disfraz monísimo! - No. Por supuesto que no.

-Vaaaale. Ya voy.

Shuichi volvió a salir de casa, en dirección a casa de Alma y Ume. Subió en su moto, y blablablá, blablablá, ¿Es REALMENTE necesario que diga lo mismo cada vez que lo hace? No. Abreviaré. Shu llegó al rato a la casa de Alma. Tocó el timbre, y Alma vestida de maga...¡Ah, no! Era una hechicera, abrió. Supelo rubio quedaba genial con el traje blanco. Shuichi la admiró un momento, y Alma, impaciente, dijo:

-¿Qué tal?

-Genial - sonrie -. El traje de maga te queda genial.

-Es hechicera.

-¿Lo cualo?

-Hechicera.

-Pues a mi me parece maga.

-¡Pues es HE-CHI-CE-RA!

¿Hechicera?

-¿Hechicera?

-SI.

-... - pensando -. Que bien te queda el traje de maga.

-Es hechicera, HECHICERA.

-¿Hechicera?

-Eso.

-... - pensando de nuevo -. Que bonito tu traje de maga, oye.

-Lo sé - finalmente, Alma fue derrotada.

Shu sonrió. Sabía perfectamente lo que era una hechicera, pero si lo decía, estaría un paso más cerca de confesar que...

-¡Tenemos que ir a esa convención de comics, cariñito! - dijo Alma.

Shuichi palideció de pronto.

-¡¡NO, NO QUIERO!! ¡¡QUE NO!! ¡¡NO INSTITAS, HE DICHO QUE NO, Y NO ES "NO"!!

-... yo no he dicho nada - ¿Qué coño le pasa a este energúmeno? - ¿Ya no quieres salir conmigooouuuu? - ojitos de cordero degollado a la plancha.

-¡¡CLARO QUE SI!! ¡¡POR SUPUESTO!! - nótese que no es ningún sarcasmo.

-¿Qué te pasa?

-¡¿A MI?! ¡¡NADAAAAAA!! ¡¿PORQUÉ LO PREGUNTAAAAAAAAAS?!

-Por que estás más nervioso que un conejo en medio de un grupo de zorros - nótese que la chiquilla es de pueblo. De uno muy zarrapastroso. Muy mucho.

Shuichi intentó calmarse. Bueno, si a ella le hacía ilusión....Solo tendría que hacer un buen cosplay, con la cara TOTALMENTE CUBIERTA DE MAQUILLAJE para que no lo reconocieran por ahí. Je. Sería más fácil que quitarle una piruleta a un niño.

-¿Por qué quieres ir allí, Alma?

-Pohque me guhtan ehtah cohas - nótese que ahora se escribe la pronunciación real de la moza.

-¡¡!!

-Eh bromah... Joh, comoh te poneh.

-Es que...s-sería bochornoso...¿no crees? - dijo Shu, intentando salvarse un poco.

-Puéh si. Ehto de seh frikih no vah conmigoh. Ni contigoh. Yoh soy máh..."fachión".

Shuichi se sentía como el hombre más feliz del mundo. Su novia era perfecta (nótese que aqui el autor discierne de manera radical con el protagonista).

-Por supuesto que si, Alma. Claro. - Shuichi es gilipollas. Se va a abrazar a su novia paleta.

Alma le corresponde.


Y creo que eso es todo. ^^. Y ahora os toca quejaros, enga.

2 comentarios:

DinaOFf dijo...

WOOOOOOOOOOOOOOW!!!! por fin actualizas! Seré breve
Historia 1: Pobre Juuri, Yuki cabrón
Historia 2: es la del tuenti o me estoy liando?
Historia 3: Hisoka es parecida a mi, que incomprendidas somos algunas
Historia 4: Me cago en los hipócritas

Flox dijo...

De acuerdo, sere breve yo tambien para variar:
Historia 1: Si, quería hacer un cambio radical respecto a lo que ya había escrito.
Historia 2: Si, es la del tuenti.
Historia 3: LAS incomprendidas, no te creas la unica XD
Historia 4: ?

ME COSTO, PERO ACTUALICE!!
Ahora solo hay que llevar un ritmo regular XD