Cuenta-gente-que-se-pasa-por-aquí (asi os tengo controlados :D)

jueves, 11 de febrero de 2010

Segundo Capitulo de Mi Historia Sin Titulo provisional

Los días pasaban, mientras yo intentaba recuperar la parte perdida de mi brazo. En varias ocasiones le pregunté a Aya por qué no hacía una transmutación humana conmigo. Su respuesta fue simple:
-Para algo tan ínfimo, no merece la pena.
-¡¿Ínfimo?! – le dije yo -. ¡¿Casi pierdo mi brazo y tú dices ínfimo?!
-Confórmate con no haberlo perdido del todo.
Yo suspiraba, a falta de algo mejor que hacer. A cambio de dejarme estar en su casa, Aya y Tom me pedían que colaborase en los quehaceres diarios. Yo lo hacía encantado.

Un día especialmente caluroso en la aldea, Aya me invitó a ir con ella de compras.
-¡Hala, venga, tienes que venir, que nunca vienes! – me insistió hasta que no tuve más remedio que decir que sí.
-De acuerdo.
-¡Siiiii!
Se puso para salir una camiseta blanca de algodón y manga larga. También unos guantes de cuero negro, muy delgados, que se amoldaban perfectamente a sus delicadas manos.
-¿Por qué te pones guantes? – le pregunté extrañado.
-Es largo de contar. Otro día.
-De acuerdo.
Aya y yo salimos a la calle. Tom se quedó refunfuñando y limpiando la casa.

Fuimos por la avenida principal, comprando cosas de un puesto de aquí y otro de allá. Cuando pasábamos, la gente se nos quedaba mirando con algo de curiosidad, y, al pasar frente a un grupo de chicas de unos trece años, soltaron unas risitas que me pusieron algo nervioso.
-Se ve que tienes fama entre las chicas, ¿eh, Hiro?
Yo me sonrojé y bajé la vista. Ella se echó a reir con su risa cristalina. Cuando terminamos las compras, ya era bastante tarde, y la gente estaba emocionada por algún evento que se celebraría al anochecer. Le pregunté algo al respecto a Aya y me contó que hoy se celebraba una fiesta en la noche.
-¿Irás?
-¡Claro! – me respondió -. Y tú también.
No pude resistirme a sus ojos color medianoche. Estaban tan esperanzados…

En la noche, Aya se puso un vestido blanco impecable, de finos tirantes, que le iba por la rodilla, junto con unas sandalias que se ataban con correas por sus pantorrillas. Hizo unas suaves ondulaciones en su pelo rosa, entre el cual puso unas diminutas flores de pétalos abiertos. Todo ello, en conjunto, la hacía parecer una deidad del bosque. Aya me vistió, simplemente, con unos pantalones negros holgados, y una camisa blanca, junto con unas sandalias cómodas. Tom se vistió de manera parecida.

En la fiesta, era prácticamente imposible diferenciar a una chica de otra, o a un chico de otro, ya que todos iban casi exactamente iguales. La única cosa que diferenciaba a Aya del resto, era su extraño color de pelo, y el hecho de que era la única que llevaba puestos unos guantes. A pesar de que eran de seda, seguían siendo guantes.

Hicieron una gran hoguera en una parte del campo que era toda tierra, sin nada cerca que pudiera prender, y unos músicos con extraños instrumentos de cuerda y viento tocaron una música que hizo que todas las muchachas se pusieran a bailar. Los hombres las observaban, y con el tiempo, también se unieron a la fiesta, en una danza sincronizada y hermosa. Aya destacaba entre todas las demás, bailando con Tom, con su cara arisca de siempre algo atenuada. Yo los observaba bailar sentado en la periferia del círculo en el que se movían. Al cabo de un rato, una chica de unos quince años y con unos elásticos rizos color caramelo, me pidió para bailar. Yo me sonrojé, y le dije que no sabía, pero ella me cogió de la mano y me llevó con los demás, diciendo que era muy fácil. Y era cierto. En menos tiempo del que podría parecer en un principio, nos fusionamos con el resto de bailarines con una gracia que no sabía que tenía. La chica reía entre mis brazos, y ambos nos lo estábamos pasando divinamente, entre la gente, el resplandor de la hoguera, y la música hechizante, todo era como un sueño del que no quería despertar.

Un resplandor rosado, llamó mi atención. Era, como no, Aya descansando un rato con Tom a su lado. Éste, increíblemente, reía con ganas mientras su pecho subía y bajaba al ritmo de su acelerada respiración. Me despedí de la chica, y fui a sentarme con ellos.
-¡Buf! – me dijo Tom - ¿Qué tal con Mary?
Suponiendo que se refería a la chica de cabello color caramelo, le contesté:
-Bien, era simpática, y una buena bailarina.
Aya rió, y nos dijo:
-¿Ahora os lleváis bien?
Tom y yo reímos a un tiempo.
-Solo por una noche – dijo él, con una sonrisa tan grande como la de su hermana.
-Hecho – dije yo, y chocamos el puño.
Aya se levantó, y me dijo:
-¿Vienes, Hiro?
Asentí, y tomé la mano que me tendía. Me llevó al centro de la masa, para sacarme por el otro lado.
-¿A dónde vamos? – le pregunté.
-Desde este lado, Tomi no puede vernos. Por aquí es seguro salir.
No sabía por qué, pero me sentía cómplice de Aya en alguna fechoría infantil, con la emoción de ser descubiertos. Me llevó a un sitio alejado de la hoguera, donde la música llegaba como un tenue suspiro, y la luz de las llamas no llegaba a alumbrar. Era un viejo granero. Subimos al techo de paja, y cuando estuvimos acomodados, Aya me dijo:
-¿No es precioso, el firmamento, con todas las estrellas brillando en él?
Me miró con sus ojos del mismo color que el cielo, en los que se transparentaba su sonrisa, y le dije:
-No tanto como tú.
Fue la primera vez que le ví sonrojarse.
-No exageres las cosas.
Le sonreí, y le dije:
-Yo no exagero nada.
Nos miramos a los ojos en un momento en el que todo pareció detenerse a nuestro alrededor, y nuestros labios se juntaron, tan suaves los suyos como una tenue caricia.

Volvimos a la fiesta cogidos de la mano, y nos metimos en la muchedumbre danzante. Ya no nos mirábamos con los mismos ojos, ahora que, donde antes no había nada, estaba todo.

Cuando todo terminó, nos encontramos con Tom en el camino de vuelta al pueblo.
-¿Qué, ha estado bien, no? – me preguntó, aún sonriendo.
-No te lo puedes imaginar.
No nos cogíamos de la mano, por la vergüenza que nos provocaba en un principio hacerlo delante de alguien, pero de vez en cuando, nos lanzábamos unas miradas furtivas cargadas de significado. Me dio la impresión de que Tom captó alguna, pero si lo hizo, se mantuvo callado.

Cuando llegamos a casa, Tom nos dio las buenas noches, y se metio en su habitación, todavía separada de la de Aya por la pared que esta había creado, eliminado la puerta. Mientras ella se cambiaba en el baño, yo me quité la camisa y me tendí en el jergón. Ella entró en la habitación con su camisón puesto, y se tendió en la cama.
-Si quieres, puedes subir – me susurró en la oscuridad -. No me importa.
La vergüenza estaba presente en cada una de sus palabras, pero todas ellas eran sinceras. Me puse el pantalón de mi pijama, y me tumbé a su lado en la cama. Ambos nos pusimos de costado para vernos mejor, y yo le acaricié el rostro con la mano que no sujetaba mi cabeza. Ella tomó mi mano con la suya, con otros guantes de un tejido ligero y delgado, y besó las yemas de mis dedos. La abracé y nos quedamos así toda la noche, dormidos entrelazados.

A la mañana siguiente, me desperté solo en la cama. Ella ya se había levantado. No hacía mucho, a juzgar por el calor de las mantas que estaban a mi lado. Me desperecé, y bajé a la cocina. Aya y Tom estaban desayunando, y había un plato con huevos y bacon para mí en sitio libre de la mesa, al lado de Tom.
-¿Qué tal, tío? – me dijo.
Me le quedé mirando, embobado. Su cara de siempre ya no era como antes, ahora era más amigable. Miré sorprendido a Aya, y ésta me devolvió la sonrisa.
-Vaya, creía que habías dicho ´´ por una noche``, hermanito.
-Bah, qué más da – le dijo él, burlón. Había un gran cambio en las relaciones familiares -. Bueno, me tengo que ir.
-Adiós, Tomi – le dijo aya.
-Hasta luego – le dije yo.
-¡Adiós! – nos respondió.
Aya me miró divertida desde el otro lado de la mesa. Yo me ruboricé ligeramente. De improviso, unos golpes tímidos sonaron en la puerta. Ella frunció el ceño, como si hubiera algo en esos golpes que la incomodara.
-Ya estamos… - dijo.
-¿Qué… qué pasa? – estaba confundido. ¿Acaso ella lo esperaba?
-Ya lo verás – dijo con fastidio. Abrió la puerta a un hombre con capa y traje, bastante barrigudo, y le compuso una sonrisa algo molesta -. Alcalde Eliott, qué sorpresa – yo diría más bien todo lo contrario -. ¿Qué pasa?
-Esto… Aya, para agradecerte a ti y a Tom el trabajo de protectores del pueblo, querría invitaros a una fiesta en mi casa (el ayuntamiento) esta noche. Será algo formal, una cena y algo de música. Confío en que podréis venir – dijo con gran pompa.
Aya tenía una expresión casi indescriptible en el rostro, lo intentaré: una mezcla de odio, ira, fastidio, tedio, repugnancia y… un sutil toque de instinto asesino.
-Por supuesto, alcalde Eliott. Muy amable, alcade Eliott. Estaremos encantados, alcalde Eliott. Adiós, alcalde Eliott – dijo, visiblemente irritada. Pero el corpulento hombre que tapaba la puerta, no parecía darse cuenta.
-¡Adiós, Aya, querida! Es a las ocho, con traje de semi-etiqu… - Aya cerró la puerta en ese instante, interrumpiendo así la perorata del alcalde Eliott. Se lo agradecí en silencio.
-¿Acaso esto es muy común? – le pregunté con sorna.
-MÁS DE LO QUE ME GUSTARÍA. – me dijo con un tic nervioso -. No soporto a ese… esa… cosa, que tenemos por alcalde. Puede con mis nervios.
-Ya lo he visto.

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Que conste que me estoy esforzando por seguir al ritmo de dos paginas y media en el Word por capi, y ue este me estuve con el hasta casi las doce de la noche con los gritos de mi madre como banda sonora, diciendome que apague de una vez el ordenador (el grande, que del portatil, na de na). Pos eso, que espero que le guste a Dina OFF, mi primera seguidora (que bien se siente decir eso =,D), y a las demas personas que lo lean. Por favor, comentad.

Pos eso, que sigo en mi espiral de felicidad ^^

3 comentarios:

DinaOFf dijo...

Wii me nombran en un blog! Yupi!
Claro que me ha gustado, cada vez más interesante jeje, menudo ritmo, actualizas muy rápido XD

PD:tendrás que esperar para los dibujos que te prometí, esoy un poco ocupada, espero tenerlo lo más pronto posible

Light Shine dijo...

Me encantan tus historias, tanto que al leerlas me han entrado ganas de leerme lso libros que me dejé a medias este verano.

Flox dijo...

si abandonas algun libro, yo los apadrino ;P