Cuenta-gente-que-se-pasa-por-aquí (asi os tengo controlados :D)

lunes, 8 de febrero de 2010

Mi Historia Sin Titulo Provisional

Anna abrió la puerta. Allí, estaba Hiro, arrodillado y con una cajita forrada de terciopelo, el sueño de toda mujer. Alzó la ceja al ver que él todavía no se había dado cuenta de su presencia en el umbral de la puerta de su habitación, y carraspeó quedamente. Hiro alzó bruscamente la cabeza, y sonrió antes de decir:
-Aya Kendrick, ¿quieres casarte conmigo?
La frase quedó en el aire. Anna Kiss, sin poder contenerse... se echó a reir. Cuando pudo parar dijo:
-Muy... muy artificial, Hiro. Ella solo quiere ver que se lo dices de corazón. Simplemente plántate en la puerta de su habitación y enséñale la caja. Ella se encargará del resto.
El joven de cabellos negros y revueltos, la miró con la esperanza pintada en sus ojos grises. Se levantó, y dijo:
-¿Tú crees?
La chica dejó entrever una sonrisa. Ella era rubia, de ojos castaños-miel. Asintió levemente y cerró la puerta.
-¡Gracias, Anna! - oyó desde el pasillo. No pudo evitar ensanchar su sonrisa. Recogió sus cortos cabellos en una coleta, y se dispuso a seguir con lo que estaba haciendo.

Hiro volaba más que corría por el pasillo en busca de la habitación de Aya. Thomas oyó el estruendo de unos pasos en el pasillo, y, exasperado, abrió la puerta en el mismo instante en el que Hiro pasaba corriendo por su lado.
-¡TEN MÁS CUIDADO! - le gritó, de mal humor.
Hiro se paró, en parte para recuperar un poco el aliento, en parte para contestarle de malos modos a Thomas (apodado ´Tom´).
-¿Quieres dejar a tu hermana solterona, o me vas a permitir continuar mi camino? - preguntó Hiro.
El otro refunfuñando, cerró de un portazo la puerta de su habitación, de modo que sus cabellos grises (a pesar de que no era un anciano) se revolvieran un poco. Se los recogió en una trenza medio deshecha que pasó por encima de su hombro.
-Solterona, dice. Seguro que algún otro se lo habría terminado pidiendo.
A pesar de todo, no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa irónica, que hizo que sus ojos azul medianoche se achicaran un poco.

Hiro corría, y el tiempo se le hizo eterno hasta que logró llegar a la habitación de su futura prometida. Cuando llegó a la puerta, paró y pensó que decir, hasta que recordó las palabras de Anna: ´ Solo plántate en su puerta y enséñale la caja. Ella sabrá qué hacer ´. Respiró hondo, y tocó la puerta con una ligera vacilación. Ella tardó unos segundos en abrir la puerta. Él contuvo el aliento. Contó los segundos: uno, dos, tres, cua...
-¿Hiro? ¿Qué pasa? - dijo ella con esa permanente expresión de felicidad en la cara.
Su pelo rosa chicle estaba suelto en bucles. No era muy largo, le iba por el hombro. En sus ojos azul medianoche, como los de su hermano, brillaba una chispa de curiosidad. Él la contempló con cariño, y le enseñó la caja. Inmediatamente, ella comprendió. Sus ojos se agrandaron y se llevó las manos a la boca. Miró la cajita forrada en terciopelo (que ni siquiera estaba abierta) con una incredulidad rayana en lo imposible. Sin apartar las manos de su boca, miró a Hiro con los ojos aún agrandados por la sorpresa. Él le sonreía, como siempre. Como si estuviera en una nube, le vio arrodillarse, y decir las palabras mágicas:
-¿Quieres casarte conmigo? - dijo en voz baja, casi en un susurro.
Ella dijo ´Si´ a través de sus manos. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y la emoción llenó el ambiente. Él tomó su mano, y le puso el hermoso anillo en el dedo. Aya lo observó con creciente calidez, pensando ´Es hermoso... Es perfecto... Es... como él´. Los ojos se le empañaron de lágrimas, y Hiro, que ya se había levantado, la abrazó. Ella también lo abrazó, con todas sus fuerzas. Alzó la cabeza, y se fundieron en un beso apasionado. Se separaron al oir a alguien carraspear. Aya alzó la ceja y miró a su hermano con sorna.
-¿Qué, te molesta?
-En lo más mínimo - respondió impasible.
Hiro se echó a reir. Recordó el momento en que empezó todo, cuando se conocieron...

Corría por el bosque, herido, maltrecho, y a punto de desangrarme completamente. Miraba hacia todos lados, pero todo estaba negro como la tinta. Seguí corriendo algunos minutos, hasta que un resplandor blanco captó mi atención. Me acerqué sigilosamente, casi resbalando en mi propia sangre. Miré a través de un arbusto y lo que ví me dejó helado, petrificado por el terror. Una hermosa chica de pelo rosa, sostenida por un asqueroso ser de la noche: un vampiro.La mano de ella colgaba de un costado, pero no inerte del todo. Con su uña hacía un dibujo en la tierra. Me sorprendió comprobar que era un círculo alquímico. Unos rayos de luz brotaron del dibujo, y una tosca lanza de piedra salió del suelo. Ella la agarró con mano firme, y, en un fluido movimiento, se puso detrás del vampiro para atravesarlo de parte a parte con su improvisada arma. El vampiro aulló de dolor. Ella lo apuñaló en más ocasiones con la misma estaca, hasta reducir su cuerpo a unos guiñapos. Yo lo observaba todo desde las sombras. De improviso, ella me miró. Me clavó su mirada. No la ví venir. Antes de darme cuenta, la tenia detrás de mí, agarrándome del pelo para no escapar. Me tocó la cara con la yema de su dedo, y me soltó inmediatamente. Me dí la vuelta, pero antes de poder preguntar nada, me desmayé por la pérdida de sangre.

Me levanté en una cama prestada. Abrí los ojos, y ví unos ojos de un intenso color medianoche, observándome fijamente. Me incorporé de golpe, provocando así una dolorosa reacción de mi cabeza aún dormida.
-Unnn... - dije, llevándome una mano a la cabeza.
-¿Estás bien? - preguntó la chica de cabello rosa.
-A medias - respondí. Ella me sonrió -. ¿Qué es tan gracioso? - pregunté.
Se levantó del suelo (estaba arrodillada) y me dijo:
-Nada - y se fue de la estancia entre risitas. Me llegó su voz desde el pasillo:
-¡Espera ahí, te subiré el desayuno!
Suspiré, y me fijé en la habitación. Yo estaba tumbado en un jergón en el suelo, y a mi lado, a medio metro a así, había una cama con las sábanas revueltas. Aún estaba algo tibia, así que supuse que sería de la chica que se acababa de ir. En el techo se veían unas polvorientas vigas de madera, y llas paredes parecían de adobe. Había una cómoda entre la cama y yo, y, a mi otro lado, un armario bastante grande. Unos ventanales enormes cubrían la pared que tenía enfrente. En la de atrás, había una puerta, y en la cama, había otra, por la que había salido la pelirrosa. En mis cavilaciones, no me di cuenta de que la otra se abría. Un chico, más mayor que yo (yo tenía 17 entonces) entró. Se paró en el quicio de la puerta, y me miró despectivamente.
-Eres un espantajo - dictaminó finalmente.
Le miré sorprendido.
-Tsk, no se porqué Aya se molestó en salvarte.
-¿Aya? - pregunté.
-Mi hermana - al ver que no comprendía, dijo -. La del pelo rosa.
-¡Ah! Ella - respondí, algo cortado.
-¿Quién eres?
.Me llamo Hiro.
-¿Hiro qué?
-No lo sé. Solo sé que me llamo Hiro.
-¿Me tomas el pelo?
-En absoluto.
Entre tanto, Aya entró en la habitación.
-¡Tomi! - dijo, refiriéndose a su hermano -. Ya os conocéis. Genial. Ahora, largo - le dijo con cierta acritud.
-Ten tengo dicho que no me llames así. Y vale, ya me voy - le contestó con malos modos.
Ella entrecerró los ojos, y suspiró, al parecer, intentando controlar su rabia.
-¿No os lleváis bien? - pregunté, curioso.
-¡¿No es evidente?! - me dijo exasperada.
-Si - contesté.
-Ya - me dijo con una expresión amarga.
Me dio una bandeja que tenía unos panecillos con frutos secos, una jarra de leche, y un yogur hecho a mano con trocitos de fresa. También había una pastilla y un vaso de agua.
-Para el dolor de cabeza - me explicó.
-Gracias.
Sonrió. Su sonrisa me hipnotizó.
-De nada. Iré a buscar unas vendas de repuesto. Las que tienes en el brazo ya están sucias.
Me miré el brazo. Lo tenía envuelto en unos vendajes muy aparatosos y manchados en sangre. Me pregunté como no me había dado cuenta antes. Mientras ella llegaba, me tomé el desayuno. Solo quedaron en la bandeja la pastilla y el vaso de agua. Me la iba a tomar, cuando ella entró en la habitación cargada con todo lo necesario para curarme.
-Tenías, hambre, ¿no? - sonrió.
-Bastante - reconocí, sonriendo a mi vez.
-¡Empecemos! - dijo, y se puso a cambiar vendas, cortando por aquí, pegando por allá, siempre con un curioso cuidado de no tocar mi piel desnuda, hasta que el vendaje estuvo perfecto -. ¡Listo! Ya está.
-Gracias.
Ladeó ligeramente la cabeza, y me dijo:
-No hay de qué.
Tom entró en ese momento en la habitación. Inmediatamente, el semblante de Aya se ensombreció.
-¿Qué quieres? - le preguntó con hosquedad.
-Nada - respondió él con indiferencia.
-¡¡Entoces lárgate de aquí!!
-Qué humos que llevas, hermani...
-¡¡LARGO!!
Él le lanzó una mirada de odio, y se fue. Volví la vista hacia Aya, y vi sus ojos llenos de lágrimas. Se levantó con la cabeza gacha, de modo que su pelo cubría su cara. Pero sus lágrimas se deslizaban entre los mechones de su extraño pelo. Parecía que la presencia de Tom le afectaba mucho más de lo que ella podía soportar. Tenía que averiguar el porqué.
-¿Qué te pasa? - le pregunté.
-Nada - me dijo con voz temblorosa. Se fue hacia la puerta de la habitación mientras me seguía hablando con voz algo más segura -. Traeré algo para que te cambies.
-Eh... Gracias.
Se fue apresuradamente. Tom entró de nuevo.
-Euh... ¿Hola? - le dije.
Él me miró con cara de pocos amigos.
-Hola - dijo secamente.
Nos miramos unos instantes. Él estaba a punto de irse, cuando le dije:
-¡Espera!
Se giró y me miró de forma siniestra.
-No te diré nada sobre Aya. Pregúntaselo tú mismo.
-Va...vale - le dije con algo de miedo.
Me quedé allí, más confundido que al principio. Se fue, y no volví a verle en el resto del día. Aya volvió en unos pocos minutos, más calmada y tranquila.
-Espera un poco más, y vuelvo contigo, ¿vale? - me dijo, casi sonriendo.
Asentí, y la ví juntar las manos. Unos extraños rayos salieron de ellas. La puerta por la que Tom entraba, se fusionó con la pared, y desapareció. Alquimia. ¡Alquimia! Claro, no había pensado en eso, pero ya la había visto utilizarla antes. Me sorprendí. Pocas mujeres lograban el título de alquimistas, y ella parecía estar usándola casi con desgana. Cuando la pared estuvo perfecta, se giró de nuevo hacia mí.
-Por si acaso.
Yo asentí con cautela.
-Euh... ¿qué... qué ha pasado con Tom y contigo? - me quité un peso de encima al preguntarlo.
Se giró hacia mí. Sus ojos relampagueaban.
-Nada.


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Y... que? A que molaa?

3 comentarios:

Light Shine dijo...

Otra bloguera novata, podriamos formar un club, yo también espero que alguien llegue hasta mi blog.
Te he puesto en favoritos ya leeré las historias y leeré con más entretenimiento tú tira.

DinaOFf dijo...

Wow! Me la he leido entera, está muy bien, y no lo digo por decir, normalmente si veo una historia un poco larga no leo ni la mitad XD
Ya tienes una seguidora

Flox dijo...

OH DIOX MIOOOOO!!!! COMENTARIOS!!! ALGUIEN HA COMENTADOOO!!!! QUE FELICIDAD^^!! y... buenoo, ya tengo el segundo cap (a medias) pero no se si me gusta el rumpo que esta tomando la historia, asi que es posible que tarde en subirlo por dificultades tecnicas. Ya veremos, XD. Y me parece bien lo de formar un club ^^